El discurso sobre las lenguas, en sus aspectos simbólicos e identitarios, se impregna con facilidad de pasiones que nublan la capacidad de raciocinio. Buena muestra de ello es la nueva ley de lenguas impulsada por el PP y secundada por el PAR. Me pregunto por los asesores ¿científicos? de esta ley (si los hay). La transparencia de la actividad política también debería consistir en esto, en identificar a los autores intelectuales de las disposiciones legales. Como es bien sabido, la nueva norma se articula en torno a un solo eje: la oposición, contra toda evidencia científica, a reconocer las hablas orientales de Aragón como parte integrante de la lengua catalana. Para alcanzar su propósito, el legislador renuncia a nombrar el objeto que regula y alude a él mediante circunloquios imposibles que han sido un blanco fácil para la sátira.

Porque, en esencia, lo que el PP-PAR está diciendo es que las lenguas propias de Aragón no deben salir del terreno de lo privado. Y para eso no hacía falta ninguna ley. Rechazan el estándar del catalán por exógeno y el del aragonés por artificial. Si la primera objeción respondiera a una postura lingüística fundada y coherente (y no a una mera opción ideológica), impugnarían también en Aragón el modelo de lengua auspiciado por la RAE y centrado en la variedad castellana de la lengua.
En el caso del aragonés, no ha cuajado un estándar moderno porque, entre otras cosas, requeriría un apoyo institucional del que nunca ha disfrutado. En todo caso, rehusar un modelo estándar por artificioso es tan absurdo como oponerse a que la nieve sea blanca. Ningún estándar es la lengua materna de nadie (por ello, entre otros motivos, las asignaturas de lengua castellana acumulan altos índices de fracaso escolar). Es otro su papel en el entramado dialectal de una lengua. Debatir sobre todo esto exige predisposición al intercambio racional de argumentos. Y, al parecer, para algunos es mucho pedir.
Fuente: Heraldo de Aragón (edición papel)
José Luis Aliaga Jiménez,
profesor del Departamento de Lingüística General e Hispanica de la Universidad de Zaragoza
Fuente: Heraldo de Aragón (edición papel)
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