LA ÚLTIMA OPORTUNIDAD PARA UN IDIOMA AGONIZANTE: LA ACADEMIA D’A LUENGA ARAGONESA

Con fecha del pasado día 5 de abril el Boletín Oficial de Aragón (núm. 77, decreto 87/2011) hizo pública la aprobación de los estatutos de la esperada Academia de la Lengua Aragonesa (en todo momento referida en su denominación castellana), un hecho que supone la oficialización del organismo que en exclusividad asumirá a partir de ahora la autoridad lingüística del aragonés. Se acaban así con más de tres décadas en que este minoritario idioma románico ha navegado entre la apatía y el olvido de gran parte de los hispanistas locales, la vacilación y el escepticismo de los sucesivos gobiernos autonómicos, y el activismo y el voluntarismo de un movimiento asociacionista, que ante la falta de una decidida actuación institucional (ora universitaria ora gubernamental), ha venido llevando a cabo numerosas acciones que serían propias de una Dirección de Política Lingüística, intentando incluso desempeñar el papel de ente regulador del idioma, como es el caso del Consello Asesor de l’Aragonés en el año 2000 –iniciativa unilateral del Consello d’a Fabla Aragonesa, sito en Huesca– , o del Estudio de Filología Aragonesa-Academia de l’Aragonés, creado en Zaragoza hace un lustro, pero con un apoyo social y asociativo mucho más amplio.---Al mismo tiempo que esto ocurre se han conocido extraoficialmente los nombres de los primeros académicos de dicho organismo elegidos por el Consejo Superior de Lenguas de Aragón, que en un principio se ha establecido en nueve, y que están a la espera de ser ratificados por parte del Gobierno de Aragón (posiblemente cuando este artículo sea publicado ya serán oficiales sus nombres). Sin duda, una lista reducida, aunque de perfiles variados, en la que no figuran algunos personajes señalados vinculados a uno de los sectores implicados, la Sociedat de Lingüística Aragonesa, cosa que de no rectificarse nos hace pensar que este largo caminar hacia la recuperación del idioma se verá mermado. Por ello, ante la coyuntura actual, y nuevamente preocupados por el devenir de nuestro idioma y por el modus operandi con el que sus primeros pasos de planificación lingüística se están llevando a cabo, queremos volver a reflexionar (con la mejor de nuestras voluntades y sin representar a nadie –aunque de lo contrario habrá quién nos acuse–) sobre algunas de las decisiones que deben priorizarse urgentemente a nuestro parecer, a fin de minimizar en la medida de lo posible los conflictos que sin lugar a dudas se plantearán de inminente en el seno de esta academia, puesto que ellos suponen una grave amenaza para encarar el inaplazable proceso de normalización y normativización lingüística del idioma aragonés, que aunque dificultoso (miren sino tiempo atrás) no por ello es inalcanzable.

Conseguida pues, la aprobación de la Academia d’a Luenga Aragonesa (permítannos que lo escribamos a partir de ahora en la que deberá ser su única denominación oficial, o en una de sus posibles en aragonés), y esperamos que en breve de manera oficial su primera composición de miembros, es necesario, cuanto menos, acatar y respetar la decisión de los miembros del Consejo Superior de las Lenguas de Aragón y del Gobierno. Así pues, entre los miembros propuestos para formar el primer pleno de la Academia contamos con personalidades tanto de la Universidad de Zaragoza o vinculadas a ella, que son los doctores en filología Francho Nagore, Chesús Vázquez, María Luisa Arnal y María Pilar Benítez, como del asociacionismo en defensa de la lengua que representan Marta Marín (Bisas de lo Subordán, de Echo), Juan José Segura (Estudio de Filología de Aragón, EFA), Quino Villa (EFA, escritor chistabín), Chabier Lozano (EFA, especialista en el belsetán), Manuel Castán (EFA, del Valle de Benasque), aparte de Nagore y Vázquez, que al mismo tiempo son componentes destacados del Consello d’a Fabla Aragonesa (CFA). Mi más sincera enhorabuena a todos ellos. Una lista heterogénea, no sólo en perfiles académicos y currículos, sino en maneras de concebir la lengua: hay lingüistas especializados en algún dialecto aragonés y conocidos “parladors” de su variedad local, distinguidos escritores y meros consumidores de literatura autóctona, y hablantes nativos y elogiables neohablantes (porque ¿fue ser “patrimonial” un requisito previo para que el mejor conocedor del aragonés, el francés Saroïhandy, lo estudiara? ¿o condición sine qua non para los académicos de la Lia Rumanstcha, el Osservatori Regjonâl de Lenghe e de Culture Furlanis o la Academia del Idioma Hebreo?). En definitiva una nómina de aragoneses preocupados por este milenario idioma, en donde todas las caras, perfiles y sensibilidades son, debido a su precaria situación sociolingüística, muy importantes.

Sin embargo, no por ello nos deja de sorprender notablemente que algunas figuras claves en el estudio y/o el cultivo de nuestra lengua no estén ya presentes en esta academia, cuando a priori deberían haber contado con el firme apoyo de un sector considerable de los miembros de las cuatro entidades directamente implicadas en este objetivo, y representadas en el Consejo Superior de Lenguas: la Universidad, el Consello, el Estudio de Filología Aragonesa y la Sociedat de Lingüistica Aragonesa. Aun así (no sabemos el porqué, nos preguntamos si el reducido número inicial de académicos o las preferencias de los miembros menos familiarizados con este idioma en el Consejo hayan podido ser el causante) ni Ánchel Conte, patriarca de las letras en aragonés, ni José Antonio Saura, doctor en Filología y máximo especialista en el benasqués (variedad que debe recibir una especial atención, tal como se desprende de algunos puntos de la Ley de uso, protección y promoción de las lenguas propias de Aragón, y de los propios estatutos de la Academia) ni Xavier Tomás Arias, escritor y filólogo especialista en el ribagorzano y el sobrarbés, los tres miembros de la Sociedat y de crédito indudable, están representados en esta academia (¡ni siquiera uno de ellos!). A pesar de esto, nos consta de manera fehaciente la predisponibilidad que tenían en participar en el nuevo ente normativo, y no sólo por ello, sino por su solvencia, su significación en el movimiento de la lengua y sus afinidades con otros colegas en lo que respecta al estudio y defensa del aragonés, nos apena tremendamente el hecho de que sus nombres no aparezcan en la nómina de los académicos noveles.

A pesar de ello, nos gustaría pensar que los primeros miembros de la Academia d’a Lengua Aragonesa serán conscientes de este grave vacío y que en un acto de generosidad hacia estos compañeros de viaje, considerarán de inmediato su admisión en dicho ente normativo. Sin duda no creemos que a estas alturas nadie ponga en tela de juicio que su presencia contribuirá decidídamente a aumentar el prestigio de la que debe ser –no lo olvidemos– una entidad respetable y respetada tanto por las instituciones políticas y la Universidad como por las asociaciones, editoriales, profesores y hablantes de aragonés en general. En este sentido, opinamos que actuando así, los miembros de esta academia darán, indudablemente, una gran lección de humildad y buena voluntad (tan aguardada durante años) a todos los que hemos seguido este largo proceso, demostrando una vez más que ese espíritu de “unión” de Chuntos por l’aragonés, que germinó en el II Congreso de l’Aragonés en julio de 2006, y en donde se pedía “comprensión y apoyo”, cobra más significado que nunca, y que esas palabras tan emocionadas de Manuel Castán en tales jornadas, en que afirmaba que “tot el que ha quisto ha teníu la posibilidat d’exposar el suyo parixer”, están plenamente vigentes en la actualidad y no han caído en saco roto. Las herramientas se tienen, porque los estatutos de la Academia permiten ampliar el número de miembros, la coyuntura actual lo hace posible, pero sobre todo, el sentido común y la mirada puesta en el futuro del idioma lo demandan imperiosamente. Recuérdese que años atrás se pedía la presencia de miembros de la Universidad en una futura academia (no iban desacertadas, por tanto, las declaraciones de los impulsores del II Congreso y también los de la Sociedat, que la mantenían como condición sine qua non para formar parte) y ya los tenemos. Perfilemos, por tanto, con la presencia de estos relevantes compañeros, o al menos con la necesaria visión de la Sociedat por medio de alguno de ellos de momento, esta deseada academia.---Estamos más que convencidos que hacerlo será más que positivo para el apuntalamiento de nuestro idioma, porque de lo contrario esta academia nacerá notablemente desfavorecida. Para ello permítannos explicarnos. Somos perfectamente conscientes de las rivalidades, recelos, resentimientos, desconfianzas y pataletas que determinadas y controvertidas figuras, sobre todo de la Universidad de Zaragoza y del Consello d’a Fabla Aragonesa, han protagonizado a lo largo de estos 30 años (evitamos citar nombres porque a estas alturas es una evidencia para cualquier persona que haya seguido la historia reciente de este idioma), y que aun hoy hay quien piensa que el aragonés sólo puede ser concebido de una manera en concreto, según su inamovible y entorpecedor punto de vista. También sabemos que factores intrínsecos a los humanos (amistad, miedo, connivencia, orgullo, respeto…) hace que muchos de nosotros no hayamos expresado nuestra opinión en determinadas ocasiones con el fin de evitar la confrontación con alguien a quién respetamos, aunque no compartamos con él sus ideas. El movimiento del aragonés desde hace más de una década viene reflejando precisamente esto mismo, una lucha de poderes, lealtades y silencios, un querer y no poder que algunos, llevados por el hastío, han afrontado valientemente, provocando la división y la confrontación entre seguidores de una u otra personalidad (léase también entidad y modelo lingüístico) que, justamente, como ustedes deben saber, ha generado nuevas asociaciones y por ende ha ralentizado la consecución de consensos y acuerdos globales (parece que imposibles en el pasado), los cuales hubieran facilitado enormemente la difusión del idioma en cuanto a su uso y enseñanza hace años. Por ello no caigamos nuevamente en la trampa que significa pensar que con la elección de esta academia un sector ha ganado y otro ha sido derrotado, en que lo mío es mejor que lo del otro, y en que las cosas ahora habrá que hacerlas de esta manera porque antes no se nos dejó hacerlas de otra. La vanagloria, la notoriedad, la no autocrítica y la revancha desgraciadamente, nos llevaría a repetir el error (siempre humano, ¡ay!) que cometieron aquellos a quién tanto hemos criticado. No es el camino, repetimos, no, en absoluto.

Y ello no significa que el trabajo de los académicos no esté exento de críticas –sin duda las habrá y no tardarán en escucharse incluso desde dentro– pero no demos argumentos a los que se han destacado por esas actitudes antidialogantes e inmobilistas que tanto daño han causado al aragonés. Todos, absolutamente todos, meros hablantes y destacados estudiosos (con o sin vastos currículos), son necesarios ahora mismo en el proceso de normalización del aragonés. Y ya es hora de hablar claro y de decir que se equivoca de manera descomunal quién piense que en este elenco de primeros académicos Francho Nagore era prescindible, o Marta Marín y Castán innecesarios por ser simples hablantes de una variedad dialectal; o quién rechaza a Segura Malagón porque no es licenciado en filología (¿lo fue acaso el catalán Pompeu Fabra?) y prefiere a Arnal o Benítez porque –aunque usen poco el idioma en público– tienen publicadas monografías dialectales; o quién no considera a Vázquez Obrador por su aragonés tan peculiar a pesar de ser el mejor toponimista del aragonés, mientras se olvida de un Ánchel Conte que es un símbolo para nuestras tan exiguas letras.---El aragonés no es patrimonio exclusivo de nadie, ni del Consello (nunca lo fue), ya que afortunadamente esta pionera asociación ha contribuido en estos 35 años de existencia a la aparición de más voces, a engrandecer un abanico más amplio de aragoneses preocupados por su idioma autóctono, todos ellos indispensables en este momento para afianzar el futuro de una lengua tan minoritaria y minorizada, repito, minoritaria y minorizada como la nuestra, sin que ello signifique que lo fue o ha sido del Estudio de Filología Aragonesa o de cualquier otra asociación posterior. El EFA fue un elogiable intento que fracasó en su objetivo de configurarse como academia de la lengua, aunque nadie cuestiona que la presencia de cuatro de sus miembros en el nuevo ente regulador del idioma es notable y será decisiva. Pero si en su día los miembros del EFA, por medio del II Congreso, demandaron repetidas veces la necesaria presencia de todas las partes implicadas en la planificación lingüística del aragonés, ahora me cuesta creer que se nieguen a propiciarla. Quedarían en entredicho porque en este momento se dan las mejores condiciones que se jamás se hayan tenido. En este sentido, a raíz de la elección de los primeros académicos, y a pesar del resultado final, tenemos el presentimiento de que algunos miembros del Consejo dejaron a un lado los intereses del sector que representaban, y debieron plantear listas de consenso, aunque ello significara la aceptación de miembros que o con los que estarían ideológicamente enfrentados. Si así ha sido, esto es una decisión que les honra y un acto de reconocimiento pero también de humildad hacia aquellos compañeros que a veces no la han tenido. Aún así, no lo sabemos con certeza; sólo la publicación algún día de las actas nos dirá si estábamos errados o no con esta intuición.

Por otro lado hemos de recordar que la neófita Academia de la Luenga Aragonesa tiene una misión, y deberá por ello llegar a acuerdos y tomar decisiones sobre el idioma, como en el ineludible tema de la ortografía oficial. Y por ello nadie se rasgue las vestiduras o haga ejercicios aritméticos para saber si tal o cual tendencia saldrá adelante o no, porque de lo que no hay duda es que las Normas Gráficas de 1987 ya no son operativas (aunque han sido una herramienta útil que ha cumplido una importante función estratégica, y ello siempre haya de reconocerse, seamos objetivos y sensatos) al no ser compartidas ni usadas por gran parte de los implicados en la protección y cultivo del aragonés: Universidad (casi unánimemente), EFA y Sociedat, sensibilidades, las dos primeras, representadas en la Academia, no así la última. Asimismo tampoco creemos que la propuesta gráfica de la EFA –a la que hemos mostrado nuestra adhesión– sea la definitiva, pues sería un error supino que la Academia de la Llengua Aragonesa (ALA) no presentara la suya propia, nueva y definitiva, producto ahora de un proceso y un acuerdo oficial. Aun así, tenemos el convencimiento pleno que la ortografía resultante será muy cercana a las elaboradas tanto por la Sociedat (asociación a la que de momento se le impide la posibilidad de debatirla al no contar, insisto, con representantes en la ALA) y por la mencionada entidad, ambas muy similares. No es lugar este para debatir los muchos pros y los pocos contras de ésta última –según nuestro parecer– pero sin duda en el campo de la adaptación de los cultismos y extranjerismos vemos más que necesaria una ligera revisión que simplifique algunos puntos de la propuesta del EFA, pues opinamos que no es nada coherente argumentar el rechazo del uso de ge, gi etimológicas por no ser práctico –cosa totalmente cierta– para los hablantes (escolarizados en castellano), y en cambio pretender que estos mismos escriban ascientifico, scena, dubda, olfacto y pneumonia.

Para acabar nos gustaría recordar que en el mundo de los humanos hay polémicas, fricciones y disensiones, y de ahí que también las haya en el del aragonés, aunque éstos deberán de enfocarse ahora con principios diferentes y en un nuevo escenario: la representatividad y el debate que conlleva la democracia, gracias a la cual por fin todas las partes implicadas (o casi todas –reiteramos en que antes habría que sumar todas las sensibilidades) tendrán el derecho a opinar y a trabajar. Y no olvidemos que posiblemente más que opiniones saludablemente democráticas, también hayan –porque ya las han habido en el pasado y continúan habiéndolas– polémicas marcadas por el interés de quienes están en contra de todo lo que signifique avanzar o cambiar para mejor (¡ojalá nos equivoquemos!). Y es que cuando parece que algo progresa con el acuerdo de todos (o de una mayoría) siempre surgen resistencias de sectores contrarios a cualquier avance. Afortunadamente ahora la Academia de la Lluenga Aragonesa se mueve en el marco de la democracia, la legalidad y esperemos que en el del pluralismo absoluto, y por ello sus miembros habrán de vivir dichas polémicas, darles respuesta y seguir trabajando. Deseamos ver a todos ellos, los que están ahora propuestos, los que pensamos que deberían estarlo de inmediato, y los que lo estarán en el futuro (puesto que habrá sitio para más gente, por supuesto), subidos en un mismo tren, porque no cabe la menor duda de que éste será el último que podrá tomar el aragonés. Creo que por su esfuerzo y su trabajo (seamos, a pesar de todo, indulgentes con sus errores; un último intento, por favor) todos ellos se lo merecen. Y el aragonés, sin duda.

Lluís-Xavier Flores Abat
University of Kent at Canterbury (Reino Unido)
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Lo primero de todo, dar las gracias a Lluis-Xavier por ponerse en contacto con nosotros para que publiquemos un artículo suyo, continuación a el que ya pudisteis leer aqui y en la Revista 89 de Guayente, pachina 9.

Y segundo, como alguno de vosotros no conocerá a Lluis-Xavier, aquí tenéis un pequeño C.V.:

Lluís-Xavier Flores Abat, Alicante (1975). Licenciado en Filología Catalana. Actualmente es doctorando y ejerce como profesor de lenguas española y catalana (en calidad de lector) en la “School of European Cultures and Languages”, de la Universidad de Kent, en Inglaterra, donde prepara la introducción en el curso 2011-2012 de la asignatura “Aragonese Culture and Language”. Ha presentado diferentes comunicaciones en las Trobadas d’Estudios e Rechiras d’a luenga aragonesa (Diputación de Huesca – CFA), Encuentro "Villa de Benasque" sobre lenguas y Culturas Pirenaicas (Universidad de Zaragoza – DGA) y II Congreso de l’Aragonés (Chuntos por l’Aragonés - DGA) y es autor de varios artículos sobre lingüística y etnolingüística aragonesa y catalana (revistas De Lingua Aragonensi, Fuellas, Ruxiada, Gaiteros de Aragón…). Dirige desde su fundación en el año 2000 la Revista Valenciana de Folclore, y es autor de una narración breve en benasqués titulada Amargor (revista Guayente, 77). Habla 6 idiomas: español, inglés, francés, portugués, catalán y aragonés.

LA ACADEMIA DE LA LENGUA ARAGONESA EMPIEZA A TOMAR CUERPO CON LA ELECCIÓN DE SUS MIEMBROS

La Academia de la Lengua Aragonesa empieza a tener cara y ojos. El Consejo Superior de las Lenguas de Aragón, institución integrada por 15 especialistas (cinco elegidos por la DGA, cinco por las Cortes y otros tantos por la Universidad de Zaragoza), ya ha elegido a los nueve miembros que la formarán. Todos han aceptado su designación y la lista ha sido remitida al Gobierno aragonés para su aprobación. Aunque la DGA tiene la facultad de ampliar o retocar la lista, no parece lógico que lo haga, enmendando así la plana al Consejo en una de sus primera decisiones. Así pues, la Academia de la Lengua Aragonesa echará a andar formada por María Pilar Benítez Marco, Marta Marín Bráviz, María Luisa Arnal Purroy, Manuel Castán Espot, Joaquín Villa Bruned, Francho Nagore Laín, Chabier Lozano Sierra, Juan José Segura Malagón y Jesús Vázquez Obrador.


La lista, que se filtró hace unos días, aun antes de que se supiera si los interesados iban a aceptar la designación o no, ha empezado ya a suscitar críticas en los foros del aragonés porque se echan a faltar algunos nombres clave, tanto por conocimientos como por su carácter 'histórico'. No están, por citar algunos, ni Ánchel Conte ni Chusé Inazio Nabarro ni José Antonio Saura.

Pocos y representativos.

Al parecer, el Consejo buscaba que la Academia tuviera un número reducido de miembros, 7, 9 o 11, y que en ella estuvieran representadas el mayor número posible de variantes del aragonés. Cinco miembros responden a esta premisa: Marta Marín (cheso), Chabier Lozano (belsetán), Quino Villa (chistabín), Manuel Castán (benasqués) y Marisa Arnal (ribagorzano). Los otros cuatro, María Luisa Arnal, Francho Nagore, María Pilar Benítez y Jesús Vázquez, son filólogos de carrera, que han realizado el doctorado y que dan clases, o las han dado, en la Universidad de Zaragoza.

En la lista se advierte un afán por conseguir equilibrio en un mar -el de la lengua aragonesa- azotado por tormentas y ciclones de distinta condición. Tanto es el equilibrio que -aunque quizá sea coincidencia- tres de los miembros de la Academia forman parte también del Consejo, y cada uno ha llegado a este llevado por cada una de las instituciones que lo han formado: Marta Marín, por las Cortes de Aragón; Francho Nagore, por la Universidad de Zaragoza, y Manuel Castán, por el Gobierno de Aragón.

En cualquier caso, el equilibrio parece precario. Según algunas fuentes, ha habido académicos que se han pensado hasta última hora si aceptaban o no el nombramiento; y otros incluso podrían haber señalado que algunos de sus compañeros no cumplen los requisitos que pide la ley para el cargo. Examinando la lista de miembros, se advierte también una tensión interna entre dos posibles facciones: por un lado, los cercanos al Consello d'a Fabla, con Francho Nagore como cabeza visible, partidarios de la ortografía consensuada en el 87; por otro, los cercanos a la corriente aperturista y la ortografía de la preexistente L'Academia de l'Aragonés (su nombre crea confusión: en realidad es una asociación cultural, que acoge en su seno a muchas de las corrientes que han trabajado en defensa del aragonés pero no a todas). Cuatro de los nueve miembros de la Academia de la Lengua Aragonesa han sido también de L'Academia de l'Aragonés, por lo que cabe suponer que sus planteamientos acabarán ganando todas las votaciones. La otra corriente está, de momento, en minoría.

En este contexto nace la Academia de la Lengua Aragonesa, cuyo objetivo fundamental es detener el proceso de deterioro de las distintas variantes del aragonés. El primer instrumento, el más urgente, será la adopción de una ortografía. Pero, ¿cuál? ¿Una nueva o la del 87, la de la Sociedad de Lingüística Aragonesa o la que acaba de presentar L'Academia? Teniendo en cuenta la distribución del poder en el nuevo organismo, todo apunta a que esta última podría ser elegida, y así, además, no se perdía un tiempo precioso en elaborar una nueva. Pero esa ortografía también está cuestionada, y su designación como oficial podría generar tensiones. En cualquier caso, previamente los académicos tendrán que dotarse de un reglamento de organización interna y, sobre todo, nombrar a un director, lo que podría constituir otro foco de tensiones.

Posible ampliación.

Y aún existe una posibilidad más, que quizá sea la que marque el futuro inmediato de la institución. Los académicos pueden nombrar a más miembros (hasta una veintena), y lo pueden hacer nada más constituirse la Academia. Ello cambiaría la distribución de poder en el seno de la entidad, pero se ganaría en variedad, consenso y representatividad. Y se evitaría que algunos 'históricos' del aragonés acaben dando la espalda a una institución creada para defender lo mismo que ellos han defendido en los últimos años: una lengua que agoniza en sus variantes históricas. Será una decisión que deberán tomar los nueve académicos fundacionales.

Fuente: www.heraldo.es

CASI EL 50% DE LOS ESCOLARES DEL CRA ALTA RIBAGORZA ESTUDIAN PATUÉS

El Valle de Benasque es el único lugar de la Ribagorza donde se imparten clases de aragonés en los colegios públicos. Las escuelas del CRA en Laspaúles, Castejón de Sos, Benasque, Cerler y Sahún ofrecen en horario extraescolar la posibilidad de estudiar patués. El 44% de los escolares del Centro Rural Agrupado, 128 chicos y chicas, con edades comprendidas entre los 3 y los 12 años, acuden de manera voluntaria a las clases impartidas en este caso, por Carmen Castán.

A través de actividades lúdicas y sugerentes que no signifiquen trabajo u obligación; los más pequeños aprenden el habla propia del Valle de Benasque, el patués. Una lengua de transición con características aragonesas, occitanas y catalanas debido a la zona geográfica donde se habla. La lengua aragonesa ha sufrido un gran retroceso, aunque se conserva mejor en algunas zonas del Pirineo, como el Valle de Benasque, debido al aislamiento de estos lugares, a la creación de una conciencia lingüística, así como la incentivación y el fomento del patués a través de programas como el que actualmente se imparte en el CRA Alta Ribagorza.

En cuanto a la Ley de Lenguas, aprobada hace más de un año, Castán señalaba que su puesta en marcha permitiría unificar criterios, contar con el aragonés como una asignatura curricular, dentro del horario escolar, así como poner en valor la importancia cultural y antropológica de una lengua, de la que actualmente perduran, de manera notable, cuatro modalidades; el patués, el chistabino, el cheso y el ansotano.

Fuente: www.radiohuesca.com

EL HERRERO QUE ESCRIBÍA ROMANCES

Lo resume el editor Chusé Raúl Usón con una frase rotunda: «Era una asignatura pendiente». Con ese espíritu ha emprendido, pese a los duros tiempos de crisis económica, una nueva aventura editorial: la Biblioteca Pirineus. En ella va a rescatar la obra de los escritores que fueron pioneros en el uso de las distintas modalidades del aragonés. Ya ha llevado a las librerías la primera entrega, dedicada a la obra de Cleto Torrodellas, que escribió en ribagorzano. «Hay que recuperar a nuestros clásicos -señala-, divulgar su vida y su obra entre los amantes de la lengua y la cultura aragonesas, pero también entre la comunidad científica. Muchos de estos autores han sido publicados de forma precaria, en ediciones pequeñas y ya inencontrables; permanecen inéditos; o su obra está dispersa».

Torrodellas (Estadilla, 1868-1939) es uno de ellos. Las dos ediciones que se han hecho hasta ahora de su obra son difíciles de encontrar, y en los veinte años transcurridos desde la última se ha hallado material que permanecía inédito. Es lo que aporta la que aparece ahora en la Biblioteca Pirineus, elaborada por Xavier Tomás y Chuse Raúl Usón. No es la edición definitiva, pero casi.

Conocido como lo Ferrero d'Estadilla, Cleto Torrodellas tuvo que abandonar la fragua y el yunque por cuestiones de salud, lo que le dejó más tiempo libre para cultivar una de sus pasiones: la escritura de romances. Los componía mentalmente y era su sobrino quien los ponía por escrito. «Era un poeta popular en el más amplio sentido de la palabra, gozó de mucha fama en su día y muchos se aprendían de memoria sus romances», subraya Usón.

La edición de la Biblioteca Pirineus se ha elaborado a partir de los papeles que conserva la familia del escritor, de pliegos de coleccionista (el propio Torrodellas imprimía los romances y los vendía), de hallazgos de hemeroteca e incluso de envoltorios de los caramelos Piropos, donde también dejó muestras de su ingenio.

«Hay un poema que sabemos que existió y que no hemos encontrado por ningún sitio -revela Usón-. Y es que en 1906, cuando Alfonso XIII inauguró el Canal de Aragón y Cataluña en el sifón del Sosa, Torrodellas le leyó un romance en ribagorzano. No ha habido forma de localizarlo». Pero casi todo lo demás está, precedido de un amplio estudio de los editores y con un deslumbrante aparato crítico (hay más de 900 notas a pie de página). Con ello se pretende marcar el patrón de la colección, que cuenta con una tipografía y aspecto sobrio. Y que respeta la ortografía de la variedad del aragonés en la que escribió el autor, pero despojada de las frecuentes erratas de los cajistas de la época.

«Con la serie de libros me interesa demostrar dos cosas -concluye Usón-. Por un lado, que el aragonés no es un invento, sino que desde el siglo XIX ha habido autores que han escrito en aragonés, aunque pudieran hacerlo en castellano. Y, por otro, que el aragonés ha sido patrimonio de todas las ideologías. Porque en la veintena de autores que van a conformar la Biblioteca Pirineus hay de todo, desde curas a republicanos, desde pasteleros o zapateros a gente acomodada».

Fuente: www.heraldodesoria.es

LA ACADEMIA D’A LUENGA ARAGONESA Y LA NORMA ORTOGRÁFICA DEL EFA. UNAS VALIOSAS HERRAMIENTAS NORMATIVAS

A pesar del retraso respecto al límite establecido por la Ley de uso, protección y promoción de las lenguas propias de Aragón (en su disposición adicional segunda), el también demorado Consejo Superior de Lenguas de Aragón, trabaja durante estos días en la configuración de los entes normativos oficiales de nuestros dos idiomas patrimoniales minoritarios[…..]. Se tratan, pues, de la Academia d’a Luenga Aragonesa y la Acadèmia Aragonesa del Català, denominaciones éstas recogidas en su versión castellana en la mencionada ley, y que nos permitimos transcribir traducidas en sus respectivas lenguas por simple coherencia (Posiblemente en la fecha que sea publicado este artículo ya sepamos los nombres de sus primeros académicos). […..]

Precisamente por ello querríamos reflexionar sobre algunos principios que consideramos esenciales para su exitoso establecimiento. Uno ya lo hemos señalado, y se trata de sus nombres, porque ¿se imaginan ustedes la Real Academia Española luciendo una denominación oficial en inglés? Ciertamente sería caricaturesco, y por consiguiente también lo sería si, independientemente de la oficialidad exclusiva del castellano en nuestra comunidad, ambas instituciones no fueran (re)conocidas oficialmente en sus respectivos idiomas, aquellos que a su vez deben de “fijar, limpiar y dar esplendor”. En este sentido los responsables de éstas tendrán que ser personas “de reputada solvencia” (artículo 15.3) y, obviamente, hablantes de dichos idiomas (¿no?), porque ¿concebirían ustedes, por ejemplo, que los miembros de la RAE no hablarán español? Rotundamente, no. Y aun más, estos académicos, indiscutiblemente, habrán de considerar el aragonés y el catalán como lenguas (“dialectos”, eso sí, del latín) sin hacer uso de otros ambages calificativos usados por algunos hispanistas zaragozanos, en contra de lo que la comunidad romanística internacional califica hace tiempo como idiomas, y guardando la coherencia con las denominaciones oficiales de las instituciones que representan. Así pues, confiamos que en el caso de la Academia d’a Luenga Aragonesa los nombres de sus primeros miembros sean escogidos de entre las cuatro instituciones que hasta el momento se han ocupado en su conjunto y con exclusividad (aunque con diferentes grados de dedicación y de recursos humanos y económicos) a su investigación y difusión: la Universidad de Zaragoza, y las asociaciones privadas Consello d’a Fabla Aragonesa (CFA), Sociedat de Lingüística Aragonesa y el Estudio de Filología Aragonesa – Academia de l’Aragonés (EFA), ésta última, por cierto, autora de la mejor y más completa propuesta ortográfica hasta la fecha publicada, que haya tenido la tan delicada lengua aragonesa (http://www.academiadelaragones.org), y todas sus hablas vivas.[…..]

Porque, ¿qué es si no lo que le pedimos los hablantes de español a la RAE? Pues sencillamenteque fije, limpie y de esplendor a nuestra lengua castellana. Y eso mismo es lo que esperamos los aragonesohablantes por parte de la Academia de la Luenga Aragonesa (ALA) y los catalanohablantes de Aragón de la Acadèmia Aragonesa del Català (ACAC). Así pues, si en el caso del catalán la flexibilización del estándar actual y por ende la consolidación de las variaciones regionales aragonesas, en igualdad de condiciones que las barcelonesas, baleáricas y valencianas habría de ser el eje central de l’ACAC, en el caso del aragonés, a parte de “limpiarlo” de vulgarismos y “darle esplendor” con la fijación de un modelo estándar y posibles paraestándarsc), […..] un primer cometido de la ALA, de insdiscutible y vital urgencia, ha de ser la aprobación de una normativa gráfica común (¡ahora hay 4 diferentes!). Para ello no dudamos que será tomada muy en cuenta la mencionada propuesta del EFA–muy próxima a la defendida por la Sociedat (2006), y que completa y mejora la del Grupo d’Estudios de la Fabla Chesa de 1990–, ya que ésta supera la tan innovadora y rupturista ortografía de 1987. […..]

Y aunque eso no me hace negar mi total admiración y reconocimiento a la magnífica labor en pro de la normalización del aragonés que ha llevado a cabo durante años el Consello (cosa que me llevó hace años a asociarme), tampoco no puedo esconder mi firme y total apoyo a la grafía propuesta por el EFA, no sólo por su fidelidad a la tradición gráfica del idioma aragonés (tema que sigo estudiando) y su incuestionable coherencia, sino a la manera tan modélica a cómo ha sido redactada y tomado en cuenta la opinión de un gran número de hablantes patrimoniales, escritores e investigadores vinculados a los valles de Echo, Ansó, Panticosa, Bielsa, Chistau, la Fueva y Benasque, la zona de Ayerbe y las comarcas de las Cinco Villas, Sobrarbe y Ribagorza, en donde más vivamente se conserva la lengua aragonesa, en sus diferentes variantes………………………………………………

Ta leyer tot l'articlo punchar asti: Revista 89 de Guayente, pachina 9.

Lluís-Xavier Flores Abat
University Of Kent At Canterbury (Reino Unido)

Fuente: www.guayente.org